Cuando pequeña, como buena muchachita soñadora, supe tener un diario íntimo. Nada muy alevoso, no más que una suerte de agenda con candado fácilmente profanable.
Así y todo, escribía sólo por las noches, después que se durmieran los ruidos, con alguna birome de color o de brillitos o con perfume. Sin que nadie me viera. Terminado el ritual (poco regular confieso, no siempre tenía cosas importantes que escribir) escondía las llaves con recelo en la mesita de luz o dentro de algún alhajero, y metía el librito verde y suave entre la almohada y su funda .
Me enojaba cuando encontraba a mamá cambiando sábanas o a mi hermano con sus amigos llevándoselo consigo. Comenzaban las corridas y los manotazos, el chillido sonoro de alerta cuando los ingenuos pensamientos de una mocosa estaban al alcance del resto.
Hoy no es mucho más diferente, escribo y fantaseo a escondidas del mundo. Siempre tuve facilidad para la lecto-escritura; pero sobre todo fantaseo.
Cuando, por ejemplo, la rutina me fastidia, suelo sentarme lejos y dejar la cabeza colgando, cierro los ojos y seguramente me llegue alguna historia a la mente. O si no puedo conciliar el sueño.
Pero lo curioso ocurrió cuando comencé a trenzar historias que simplemente suponía. En lugares comunes, con gente común. Gente en el tren, gente en un bar, gente cruzando una plaza, gente con la mirada encendida y los labios entreabiertos.
No les invento las vidas que desconozco, eso sería un recurso simple y cotidiano. Me meto en sus rasgos, en sus gestos, y termino metiéndome en sus camas.
Intuyo que creíste que tengo relaciones sexuales con estas personas; no. Las elijo, las tomo y pasan a ser el elenco mental de mis fechorías. A veces son parejas, a veces son compañeros de circunstancias, a veces transeúntes. No hay un patrón que seguir ni una situación particular. Me divierte, puedo pasar días puliendo encuentros en mi mente. Debe ser más normal de lo que creo ¿no?
(Y dejo que escapen mis oraciones secretas desde debajo de la almohada, sin que puedas verme la cara, sin que puedas oír mi voz)
SD.
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